Respirar profundo. Tener paciencia. Esperar lo mejor. Tener fé. Cansada, con los ojos hinchados y la mente confusa, mi cuerpo subió más de 10000 pies sobre el piso. Recuerdo la primera vez que me monté en un avión, tenía 9 años y fue en Mérida. Solo a pocas horas, son casi 20 años más desde esa primera vez. La velocidad del despegue. Las ruedas poco a poco separándose del piso. El vacío en el estomago. …